Estamos diseñados para conectarnos unos con otros. De cerebro a cerebro existen unos “radares” inter-personales que nos dicen cuándo acercarnos y cuándo alejarnos de los demás. Los niños pequeños se asustan con los payasos cuando tienen los rostros pintados; intuitivamente no pueden descifrar si son de confiar o no.
Cuando nos interconectamos, ocurre una danza emocional en nuestros cerebros que envía cataratas de hormonas que regulan nuestro sistema biológico, desde el corazón hasta las células inmunológicas. Cuando estamos enamoradas, una mirada del ser amado cambia el ritmo del corazón; la excitación altera las secreciones del cuerpo.
El cerebro es “social”